Cada vez es más común que profesionales del ámbito sanitario participen en proyectos solidarios y se desplacen a países de zonas desfavorecidas para ayudar a los más necesitados, aportando su experiencia y colaborando de manera altruista en mejorar la salud de personas que, por diferentes motivos, no tienen acceso a un sistema sanitario que sea capaz de resolver sus problemas de salud. Para entender la motivación de estos voluntarios y cómo es su labor hoy vamos a conocer a la Dra. Marisa Alija, especialista en ginecología del Hospital HM San Francisco de León, quién se ha desplazado recientemente a Camerún.
Doctora, ¿qué le motivó a hacer un voluntariado en un proyecto sanitario?
Era algo que quería hacer desde que terminé la carrera, una inquietud que como médico llevas dentro ya que esta profesión facilita el poder aportar algo en este sentido. Tenía mucho interés en conocer otra realidad sanitaria y cultural y participar en un proyecto para ayudar y tratar de reducir las desigualdades sanitarias.
¿Con qué entidad ha viajado a Camerún y dónde ha desarrollado tu labor?
Trabajamos en un hospital ubicado en Rey Bouba, al norte de Camerún, en el Departamento de Mayo Rey, Provincia de Garoua. Es una región aislada y con escasa atención sanitaria, fronteriza con Chad, Nigeria y la República Centroafricana, alejada de los principales puntos y vías comerciales y zonas desarrolladas.
Hace ya muchos años el Dr. Emilio Sastre, pediatra neonatólogo de Burgos, comenzó a ir en sus vacaciones a esta zona para atender a los niños y posteriormente creo la Fundación Mayo Rey, que con mucho esfuerzo y dedicación puso en marcha en 2010 un hospital y es en este hospital donde he ejercido mi voluntariado junto a otras ocho personas: un anestesista, un cirujano, una médica de familia, una pediatra, dos enfermeras instrumentistas y dos enfermeros.
¿Cómo han sido sus días allí?
Iniciábamos el día temprano, con un recorrido por los alrededores del hospital para explorar, conocer y observar el inicio de la actividad cotidiana de la población. Posteriormente, realizábamos el desayuno antes de comenzar, a las 8:30h, el trabajo en consultas médicas, quirófanos y salas de hospitalización.
Los pacientes comenzaban a llegar a partir de las 6 de la mañana y aguardaban su turno para ser atendidos, algunos procedentes de aldeas cercanas y otros recorriendo largas distancias andando, en moto o como podían. La noción del tiempo o la distancia es muy diferente allí.
¿En qué ha consistido su actividad profesional?
He atendido embarazos y consultas ginecológicas y realizado ecografías obstétricas y ginecológicas. He operado patologías de mi especialidad y colaborado en intervenciones complejas llevadas a cabo por el cirujano general, del que he aprendido mucho. El equipo quirúrgico (anestesista, enfermeras instrumentistas, etc.) ha sido excelente y ha compensado cualquier carencia.
¿Qué impresiones le deja la experiencia vivida en Camerún?
Lo primero que te sorprende es una multitud de niños de ojos expectantes que juegan con ruedas de caucho y palos que te dan la bienvenida y te siguen a todas partes, no están acostumbrados a ver “blancos”, te llaman “nasara”, que significa blanco en su lengua y lo utilizan de forma amistosa. La gente mayor te saluda con afecto y te da las gracias y notas gran respeto por su parte; descubres que allí no estás de paso o de espectador, si no que has empezado a formar parte por unos días de sus vidas.
La vida allí es dura, la esperanza de vida es baja, la mortalidad infantil es muy elevada, pero llama la atención la alegría de los niños, juegan con cualquier cosa, se entretienen, parecen realmente felices. Sin embargo, creo que no tienen expectativas ni futuro.
Me parece que he estado en un lugar olvidado y abandonado a su suerte en África. Viven sin nada de lo que nosotros conocemos, pero tienen una humildad que seguramente esté asociada a la pobreza y una felicidad que solo si lo ves allí en directo, lo puedes entender. Para mí ha sido una experiencia difícil; a veces complicada e incómoda; sales de tu zona de confort, te sientes útil, pero al mismo tiempo muchas veces notas un desánimo y te cuestionas si trabajar allí 15 días realmente cambiará algo.
Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí. Cuando estudiaba medicina, nos enseñaban que, a principios del siglo XXI, habría sanidad universal y gratuita en todo el mundo; pero en África descubres que no es cierto y veo que no será así a medio plazo.
Cooperar y conocer África te hace valorar más lo que aquí tienes. Somos afortunados con nuestra vida, tenemos una sanidad universal, acceso fácil, comemos bien todos los días y nuestros hijos tienen futuro. Estar allí te hace ser consciente y dar más valor a lo que tienes; te ofrece una dosis de realidad importante.



