A Fondo viaje en moto por el paraíso en otoño con el Dr. Justo Menéndez

El Dr. Justo Menéndez lleva trabajando en nuestra empresa desde el año 2009, casi quince años. Su trayectoria profesional ha estado siempre vinculada a las Urgencias, primero en HM Sanchinarro y después en el Grupo. Su importante papel ha contribuido a desarrollar una carrera profesional formidable en las tres vertientes; asistencial, docente y de gestión. Algo que le ha producido un viaje profesional enriquecedor y gratificante, y que según nos afirma “me ha dado la oportunidad de conocer y trabajar junto a profesionales extraordinarios y magníficas personas”.

Trabajar en Urgencias hospitalarias tiene algo fascinante ya que nunca sabes cual será la siguiente situación que entrará por la puerta, y eso exige siempre estar preparado para todo. Por eso mismo es donde uno puede sentir más intensamente la esencia de una profesión tan hermosa y vocacional: ayudar a los demás cuando más lo necesitan.



Por su labor en Urgencias es bien conocido por todo el mundo pero lo que a lo mejor muchos de vosotros no conocéis es su faceta como motero que lleva cultivando desde que era un adolescente. Desde hace siete años comenzó a realizar rutas largas en solitario como parte de un proceso de encuentro y conocimiento personal profundo y de cambio. Viajar solo en moto, sin un plan predefinido, con tan solo un destino al final, sin prisa, sin obligaciones, tan solo haciendo lo que quiere cuando quiere y como quiere, sintiendo la brisa en la cara y aceptando las incomodidades y los riesgos que puedan surgir como parte de la propia aventura vital. Para Justo esta sensación “es lo más parecido a la libertad que he podido conocer”.

Y nosotros nos preguntamos ¿Qué se necesita para para afrontarlo? Nuestro protagonista nos indica que requiere determinación y humildad: estar dispuesto a seguir sin rendirse cuando apetece parar, pero también aceptar que no lo puedes todo y que, a veces, las circunstancias se imponen. Es, además, un ejercicio de introspección y aprendizaje formidable, y una forma diferente de conocer el mundo y sus paisajes. Le sirve de guía en este propósito el mismo ánimo del viaje a Ítaca de Kavafis:

“Cuando viajes a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, de experiencias. que sean muchas las madrugadas. Tienes que llegar, es tu destino, pero no fuerces la travesía”.

Como buen aventurero estamos seguros que ya tiene en mente las próximas rutas para dar rienda suelta a su pasión de las dos ruedas. Nos confiesa que quiere realizar una ruta por los pueblos blancos de Andalucía (Bética y Subbética), que caerá la próxima primavera, y la transatlántica (de Finisterre al cabo San Vicente en Portugal), como continuación de la transpirenaica y la transcantábrica que ya ha completado en solitario, y que intentará hacer el próximo verano. Como un gran anhelo desea recorrer toda la costa mediterránea de Algeciras a Estambul, siguiendo el camino inverso de Ulises. Seguro que las realiza y seguro que os podremos seguir contando, por ahora conozcamos la última a través de un viaje en moto por el paraíso en otoño.

“El otoño es una estación fantástica para viajar. No hace mucho frío ni mucho calor. El paisaje puede ser delicioso. De las muchas formas que hay de moverse, una de las que prefiero es coger mi moto, pensar en un destino y salir sin plan definido a ver con qué me sorprende la vida. Mi moto y yo, solos. Son dos viajes a la vez: el que recorro, y el viaje al interior de uno mismo. Hay un rincón hermoso y mágico en el Norte, en la confluencia de Palencia, León, Cantabria y Asturias, un paraíso natural, que en noviembre revienta en maravillosos colores ocres, rojos, dorados, almagres y verdes. En el corazón de esa comarca, los Picos de Europa.



Salgo un jueves por la tarde. Por el camino compruebo que, en Palencia, cualquier pueblo esconde un tesoro románico maravilloso. Descubrir lo magnífico en lo pequeño es un insight formidable. En Cervera de Pisuerga, cuyos desiertos soportales al anochecer cobran un halo de misterio, hago noche. El viernes enfilo ruta hacia el puerto de Piedrasluengas. Y comienza ya el espectáculo de colores otoñales: un río, un molino, un bosquete. Curvas arriba, en el mirador de Piedrasluengas, el espectáculo es ya impresionante. Un hermosísimo mar de hayas de mil colores se extiende hacia el horizonte, y pienso que, en nuestra vida, el otoño también puedes ser una estación hermosa, en la que toda la riqueza de la experiencia acumulada pinta de hermosos colores esta etapa. Una sinuosa y divertida carretera me lleva enlazando curvas y contracurvas hasta Potes. Tras un buen y contundente cocido lebaniego en El Oso, enfilo la subida hasta Fuente De. Allí el espectáculo, entre la llovizna y la niebla y los imponentes farallones rocosos de la montaña, cobra tintes surrealistas, mágicos. Noche en el parador. Tiempo para leer, escribir y reflexionar frente a la chimenea. Así es el viaje de la vida: curvas, puertos, nieblas, pero también hojas que caen y, al cambiar de color, hermosean nuestros días, experiencias y aprendizajes que nos hacen crecer y sentirnos vivos.

El sábado, un pequeño contratiempo: el teleférico está cerrado por mantenimiento, por lo no puedo subir a Áliva, así que cambio de planes y, por el hermosísimo desfiladero de La Hermida, bajo hacia la costa del oriente asturiano. En Llanes, con sus maravillosas playas desiertas en este tiempo, busco dónde dormir. Después, mientras paseo por los formidables acantilados de Pría, pienso que en la vida también una dificultad, un inconveniente, pueden ser una oportunidad y un desafío. Aceptar lo inaceptable como una experiencia creadora.

Después de un buen desayuno, enfilo el domingo hacia la Reserva Natural de Ponga-Beleño. Bisera del casco levantada, la brisa en la cara, sin prisa, enlazo curva tras curva. Esto es la libertad. Me vienen a la cabeza los versos de Henley, que hago míos: Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma. Paro de vez en cuando y tomo fotos: al río, al monte, al desfiladero. En San Juan de Beleño visito a mis amigos Pedro y Paz, cuya casa, a los pies del impresionante pico Tiatordos, es otro paraíso. Una caminata por el mágico bosque de Peloño, con sus hayedos, acebales y robledales, pinta una vez más de mil colores deliciosos este maravilloso rincón del Paraíso Natural que es Asturias. Avanzada la tarde, por desfiladero de Los Beyos y el puerto del Pontón, inicio el regreso a casa. Objetivo cumplido.

Un viaje en moto en otoño es una experiencia que estimula todos los sentidos, una fusión perfecta de aventura y contemplación. A veces, es importante detenerse y apreciar la belleza efímera de la vida, como las hojas caídas que, con sus mil colores, se convertirán en recuerdos de un viaje inolvidable. Miro atrás, miro adentro. Algunas cosas son tan grandes y tan hermosas que no pueden describirse con palabras. Comparto del viaje exterior algunas imágenes. Mi Kawasaki Versys 1000 ha vuelto a portarse impecablemente. Del interior, que, en el otoño de una vida con picos, curvas y dificultades, también hay belleza, serenidad, crecimiento y diversión. En este hermoso rincón del mundo confirmo, una vez más, que cuatro días en moto pueden ser un impagable.

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