Lo primero que se recomienda, en caso de usar gafas, es asegurarse de que la graduación sea la adecuada. A partir de los 40 años, puede ser aconsejable utilizar lentes progresivas ocupacionales, que facilitan un enfoque óptimo en distancias intermedias y cercanas al alternar pantallas y documentos en papel. En cualquier óptica se puede recibir asesoramiento sobre la opción más adecuada. Si se es menor de 45 años, conviene acudir previamente al oftalmólogo para descartar, bajo dilatación, posibles defectos de graduación ocultos.
El uso continuado de pantallas reduce la frecuencia del parpadeo, lo que altera la película lagrimal y favorece la sequedad ocular. Por ello, se recomienda utilizar lágrimas hidratantes de forma regular durante la jornada laboral. En caso de presentar síntomas de ojo seco, y especialmente en entornos con baja humedad ambiental, un pequeño humidificador en el puesto de trabajo puede resultar muy útil.
La iluminación también juega un papel clave: trabajar con reflejos, contrastes excesivos o mala luz puede incrementar la fatiga visual. Siempre que sea posible, se debe buscar una iluminación homogénea y evitar brillos directos sobre la pantalla.
Finalmente, adoptar hábitos saludables como la regla del 20-20-20 resulta muy beneficioso: cada 20 minutos mirar durante 20 segundos un objeto situado a unos 6 metros (20 pies). Además, cada 2 horas conviene levantarse, caminar y enfocar objetos lejanos para relajar la vista.
Dr. Gonzalo Bernabéu
Director Médico HM Eye Center


