Similitudes fisiológicas entre el tabaco y los alimentos ultraprocesados

El tabaco continúa siendo la principal causa de mortalidad prevenible a nivel mundial. En paralelo, los alimentos ultraprocesados (AUP) se han consolidado como uno de los de los grandes impulsores de la epidemia de obesidad y de las enfermedades cardiometabólicas.

Según señala el doctor Francisco José Roig, neumólogo de HM Santísima Trinidad, a primera vista parecen realidades distintas: fumar es una exposición tóxica y los ultraprocesados forman parte de la dieta. Sin embargo, la evidencia acumulada sugiere que comparten mecanismos clave, tanto por su capacidad de favorecer un consumo repetido como por su impacto en el organismo.

En el cerebro, la nicotina y algunos ultraprocesados (especialmente los que combinan azúcar, grasas y sal) activan los circuitos de una red que nos empuja a repetir lo que produce placer. En ese proceso aumenta la dopamina, un mensajero químico que refuerza el impulso de volver a consumir, explica el neumólogo.

Con la exposición repetida, el cerebro se adapta: aparece tolerancia (hace falta más para notar lo mismo) y puede disminuir la sensibilidad a recompensas cotidianas. Cuando se reduce o se suspende el consumo, pueden aparecer síntomas como irritabilidad, ansiedad, cansancio o un deseo intenso. En el caso del tabaco, el síndrome de abstinencia está recogido en el DSM-5. En los AUP no existe un diagnóstico oficial equivalente, pero se han descrito síntomas parecidos y herramientas como la Yale Food Addiction Scale 2.0 detectan patrones compatibles en una parte de la población.

Más allá del cerebro, ambos tienen efectos en todo el organismo. El tabaco provoca inflamación y estrés oxidativo, factores que dañan vasos sanguíneos y órganos. Los alimentos ultraprocesados también se asocian con un estado de inflamación persistente, incluso en personas con peso normal. Asimismo, tanto el tabaquismo como una dieta basada en estos alimentos alteran la microbiota intestinal, lo que puede influir en el metabolismo, el sistema inmunitario y hasta en el estado de ánimo, apunta el especialista.

En el ámbito de la salud cardiovascular, el impacto es evidente. Fumar aumenta de forma significativa el riesgo de infarto e ictus. De manera similar, diversos estudios internacionales y datos del National Institutes of Health relacionan un alto consumo de ultraprocesados con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 e hipertensión, continúa el Dr. Roig.

Para el neumólogo la conclusión es clara: La evidencia científica actual demuestra paralelismos fisiológicos sustanciales entre el tabaco y los alimentos ultraprocesados a nivel de mecanismos de adicción, efectos sistémicos (inflamación, estrés oxidativo), alteraciones de la microbiota intestinal y consecuencias cardiovasculares y metabólicas. Estos hallazgos tienen implicaciones directas para la práctica clínica, donde la evaluación del consumo de AUP debería integrarse junto a la valoración del tabaquismo, y para las políticas de salud pública.

Dr. Roig, neumólogo. Hospital HM Santísima Trinidad