Allí donde se les necesitaba
Ha pasado ya un mes de una de las mayores catástrofes provocadas por la naturaleza en nuestro país y no podemos olvidarnos ni un solo día de las miles de personas que siguen padeciendo los estragos devastadores generados por la Dana. Además de cobrarse la vida de más de 220 personas hasta ahora, ha dejado un reguero desolador con familias que lo han perdido todo o casi todo en un escenario que aún tardará tiempo en recuperarse tanto en lo material como en lo anímico.En estos momentos tan complicados es también cuando aflora la solidaridad de las personas, cuando surge lo mejor del ser humano con el espíritu de apoyar y contribuir de la manera que sea a la gente que está sufriendo. Así ha sido como hemos ido conociendo desde hace días la historia de muchos compañeros que no se lo han pensado dos veces y se han presentado en Valencia para ayudar. Hemos ido hablando con algunos de ellos para conocer su experiencia, sus sensaciones y debemos reconocer que pocas veces nos hemos sentido tan orgullosos. Si su labor es impresionante, su actitud es insuperable. Ellos son ejemplo por sus valores, estos son sus testimonios desde el epicentro de la catástrofe.
Comenzamos con el relato de Víctor Díez Martínez, compañero celador en HM Sanchinarro, que el primer viernes de la catástrofe vio como que se empezaron a movilizar todos los puntos de recogida de materiales en su barrio y nada más salir de trabajar del hospital acudió a cargar mercancía y planificar la gestión de la misma. A los pocos días se juntó con varios amigos y se presentaron en Valencia para ir garaje a garaje ofreciéndose para ayudar en las labores de extracción de agua. Víctor afirma que “aún falta mucho por hacer allí pero nunca sobra una mano solidaria para ayudar en casi todas las situaciones difíciles de la vida como ésta”.
Una compañera que siempre se muestra activa y que ya apoyó cuando se originó el conflicto bélico en Ucrania es Carolina Andrino Ferrete, TCAE Hospitalización/Unidad de la mujer en HM Rivas. Carolina y su marido Rubén Ortega Frías, también compañero en HM Montepríncipe, son padres de 3 niños y cuando suceden catástrofes así piensan en cómo estarán familias como la suya y es entonces cuando en su mente solo caben tres palabras “ayudar, aquí y ahora”.
Su primera labor fue logística para tratar de llevar enseres de primera necesidad lo más cerca de la «zona cero». Alquilaron una furgoneta enorme para llenarla con comida, herramientas y materiales y llevarlos a uno de los centros de recogida que distribuyen directamente a las personas más necesitadas. Con la ayuda de familiares y algunos compañeros consiguieron recaudar fondos para comprarlo todo y pagar los costes de alquiler y combustible. “Teníamos la necesidad de ayudar pero solo disponíamos de un día porque por cuestiones laborales no podíamos faltar a nuestras obligaciones. Por eso estuvimos encajando libranzas para volver otro par de días y ayudar en lo que allí nos pidan que es necesario” afirma la pareja.
Ellos dan una lección de vida desde la humildad y el compromiso siendo ejemplo de que todos podemos ayudar de una u otra forma. Hay algo que nunca podrán olvidar “las caras de las personas que allí estaban emocionadas de ver como personas anónimas dejábamos por unas horas nuestras vidas cotidianas por prestarnos a ayudar a desconocidos. A pesar de la situación tan catastrófica, nos volvimos con la increíble y satisfactoria sensación de que hay muchísima gente maravillosa, que se moviliza de una forma totalmente altruista cuando la situación lo requiere”.
Por su parte, Dr. Francisco Pérez, de Anatomía Patológica en HM Montepríncipe, recogió el testigo lanzado por los alumnos de tercero de Medicina del Centro Universitario HM Hospitales (CUHMED) y les acompañó hasta Valencia. Su labor fue la de atender urgencias en el polideportivo de Algemesí que fue donde estuvo su grupo. “Estos alumnos de 20 años han demostrado una humanidad impresionante realizando labores que a buen seguro deberían haber realizado otros colectivos pero que a ellos no les supuso ningún freno en su anhelo de ayudar” afirma el doctor que muestra su alegría por haber podido estar con ellos allí in situ.
Otra compañera de HM Sanchinarro que estuvo ayudando fue Tania Cabrera Blanco. Ella es voluntaria de protección civil en la localidad de Alcobendas. Su actitud fue la de intentar acudir desde el primer momento, pero su grupo no fue designado para ir a realizar labores de apoyo y fue entonces cuando habló con su responsable y pudo coger los días libres que tenía para presentarse en la “zona cero” de la Dana con una pala, un cubo y un cepillo.
Tania transmite impotencia y rabia en sus palabras. “Cuando volví estaba agotada y con la sensación de que estaban o están abandonados y que por mucho que hiciéramos era como un grano de arena en el desierto…pero a la vez te vuelves con el corazón lleno de la gratitud de los vecinos. Todos ellos nos ofrecían su casa para dormir, comida, agua…a nosotros no nos faltó de nada, pero a ellos les faltaba de todo”. Lecciones de vida y cooperación ante una situación tan extrema como desesperante. Tras vivirlo en primera persona piensa que una situación así tan inesperada y que cambia la vida de miles de personas “nos puede pasar a cualquiera, que ese día podría haber estado allí cualquiera de nosotros o de nuestros familiares y que ayuda entre todos, grano a grano de arena, se forma el desierto”. Sin duda en este caso un desierto de generosidad que aporta lo más importante en estos momentos, esperanza.
Gracias, sois ejemplo, sois inspiración.


