Hoy conocemos la historia de Mari Carmen Moreno, alumna del Instituto de Formación de HM Hospitales en Málaga. Durante su discurso en el acto de graduación emocionó a todos los compañeros y amigos. Explicó por qué la historia vivida con su hijo en la UCI de un hospital, le empujó a estudiar el grado superior de imagen para el diagnóstico.
¿Cómo surgió la decisión de estudiar Imagen para el Diagnóstico y por qué elegiste nuestro centro de Málaga?
La decisión de estudiar Imagen para el Diagnóstico surgió a raíz de una experiencia muy dura y personal: mi hijo estuvo en coma durante cinco días en el Hospital Virgen de la Victoria de Málaga, y los médicos no encontraban la causa. Fue un momento de mucha incertidumbre, donde cada minuto contaba. Yo me involucré por completo en lo que decían los médicos, prestando atención a cada detalle, y fui yo quien propuso que podía ser una garrapata. Esa observación resultó clave. A partir de ahí, me di cuenta de que quería formar parte de ese mundo, del diagnóstico, de poder ayudar en casos así. Elegí el centro de Formación profesional de FP de HM Hospitales porque vi el enfoque tan humano y profesional con el que se trabaja, y porque sentí que aquí no solo iba a formarme técnicamente, sino también a crecer personalmente. Buscaba un lugar que me diera herramientas reales para estar a la altura de lo que quiero aportar, y este centro me transmitió esa confianza desde el principio.
¿Qué sentiste durante aquellas visitas al hospital con tu hijo que te motivaron a dar este paso? ¿En qué hospital fue?
Fueron momentos muy duros. Ver a mi hijo en coma, sin respuestas, sin saber si iba a despertar… es algo que no se puede explicar con palabras. Me sentía impotente, pero también muy atenta: escuchaba a los médicos, observaba, preguntaba. Y aunque tenía miedo, también sentí una necesidad muy fuerte de participar, de hacer algo. Esa sensación de estar buscando una aguja en un pajar, pero sabiendo que si se encontraba, podía salvar una vida, me marcó profundamente.
¿En qué momento supiste que querías transformar esa experiencia personal en una vocación profesional?
Lo supe en cuanto vi que mi observación (cuando mencioné que podía ser una garrapata) ayudó a orientar el diagnóstico. Fue como una chispa. Hasta ese momento, solo era una madre desesperada, pero en ese instante entendí que mi participación podía marcar la diferencia. Me dije: “Si yo, sin formación, pude ayudar a abrir un camino, ¿qué podría hacer si me formo de verdad?”. Esa idea no se me quitó de la cabeza. Quise transformar el dolor en propósito, y hacer de esa vivencia tan dura algo útil para los demás. Ahí nació mi vocación.
¿Cómo ha sido tu experiencia estudiando el ciclo de Imagen en nuestro instituto?
Ha sido una experiencia muy transformadora. Llegué con muchas ganas, pero también con miedos: aunque venía del área de farmacia, tenía muchas dudas sobre si sería capaz. Pero desde el primer día sentí que estaba en el lugar correcto. El acompañamiento, el nivel académico, el enfoque práctico… todo fue dando sentido a lo que había vivido y reforzando mi decisión. He aprendido muchísimo, no solo a nivel técnico, sino también en lo personal. Me siento orgullosa de haber pasado por aquí.
¿Qué ha sido lo más difícil y lo más gratificante durante tu formación?
Lo más difícil fue al principio: adaptarme al ritmo, a los estudios después de haber pasado por una etapa tan emocionalmente intensa. También fue un reto compaginarlo con mi vida personal. Pero lo más gratificante ha sido darme cuenta de que sí podía, que todo esfuerzo valía la pena. Ver cómo fui entendiendo cosas que antes me parecían inalcanzables y sentir que ahora tengo herramientas para ayudar a otras personas… eso no tiene precio. También fue muy gratificante el apoyo que sentí por parte de profesores y compañeros. Me sentí escuchada y comprendida.
Tu discurso durante el acto de graduación emocionó a muchas personas. ¿Cómo fue para ti vivir ese momento desde el atril?
Fue muy emocionante y muy difícil a la vez. Revivir lo que pasé con mi hijo, compartirlo en voz alta frente a tantas personas… no fue fácil. Pero sentí que era el momento de dar las gracias, de contar por qué estaba allí y lo que significaba para mí ese logro. Ver las reacciones, las lágrimas, el silencio respetuoso… fue muy conmovedor. Desde el atril sentí que cerraba un ciclo de dolor y abría otro lleno de esperanza. Fue uno de los momentos más especiales de mi vida.
¿Qué imagen tenías del trabajo del personal de Imagen antes y después de vivirlo desde dentro?
Antes lo veía como algo muy técnico, casi mecánico: una radiografía, una ecografía, una resonancia… no entendía el impacto que puede tener una sola imagen en la vida de una persona. Después de vivirlo desde dentro, comprendí que detrás de cada imagen hay una historia, una urgencia, una persona esperando respuestas. Entendí que el técnico en imagen no solo “pulsa” un botón, sino que interpreta, cuida, acompaña, colabora. Mi respeto por esta profesión creció muchísimo.
¿Cómo ves tu futuro profesional a partir de ahora?
Me veo trabajando con pasión y compromiso, aportando desde mi rol como Técnica en Imagen para ayudar a otras personas a tener el diagnóstico que necesitan. Me gustaría estar en un hospital, en contacto con pacientes, formando parte de un equipo humano y profesional. Quiero seguir formándome, crecer, y no olvidar nunca por qué empecé este camino: por mi hijo, y por todas las personas que un día pueden necesitar que alguien le mire con atención, como hicieron con nosotros.