Resfriado bronquitis o neumonía

Cómo diferenciarlos y prevenirlos este otoño

Dr. Roig, Neumólogo de HM Santísima Trinidad

Con la llegada del frío, las infecciones respiratorias se vuelven más frecuentes y, con ellas, las dudas: ¿tengo resfriado, bronquitis o neumonía? El Dr. Francisco José Roig, neumólogo de HM Santísima Trinidad señala que, aunque comparten algunos síntomas, se trata de entidades clínicas distintas, con diferente gravedad y manejo. Conocer sus características ayuda a consultar a tiempo y a prevenir complicaciones.

Resfriado común: la infección más leve

El resfriado común es la infección más leve dentro de las patologías respiratorias. Se trata de procesos, normalmente víricos, que afectan a la mucosa nasal y a la garganta. Por eso, las personas con un resfriado suelen notar síntomas como congestión y goteo nasal, estornudos, dolor o irritación de garganta y malestar general leve. Aunque resulta molesto, en la mayoría de los casos se resuelve de forma espontánea con reposo, buena hidratación y, si es necesario, analgésicos y antitérmicos habituales.

Bronquitis: cuando la tos “baja al pecho”

En el caso de bronquitis aguda, la infección se extiende hacia los bronquios, las vías respiratorias que llevan el aire a los pulmones, provocando tos persistente, a menudo acompañada de mucosidad, sensación de presión u opresión en el pecho y, en ocasiones, silbidos al respirar.

La mayoría de los casos también son de origen vírico, por lo que no suele requerir antibióticos ni corticoides. Estos tratamientos solo se indican en pacientes con bronquitis crónica (por ejemplo, en el contexto de la EPOC) o en situaciones específicas, siempre bajo el criterio del especialista.

Neumonía: la forma más grave de infección respiratoria

La neumonía es la entidad clínica más severa. En este caso la infección se extiende más allá de los bronquios, afectando directamente al tejido pulmonar donde se produce el intercambio de oxígeno.

Puede estar causada por bacterias, virus, hongos y, al tratarse de un proceso más profundo y potencialmente grave, suele requerir: valoración médica urgente, pruebas específicas (radiografías de tórax o análisis de sangre) y tratamiento dirigido (antibióticos u otros).

Algunos signos de alarma que obligan a consultar de inmediato son:

  • Fiebre alta mantenida.
  • Dificultad para respirar o sensación de falta de aire.
  • Dolor torácico al respirar.
  • Deterioro importante del estado general.


Cómo prevenir estas infecciones en otoño

Para prevenirlas, el especialista recomienda realizar hábitos sencillos pero constantes:

  • Higiene de manos: lavarse con agua y jabón o soluciones hidroalcohólicas con frecuencia sigue siendo una de las medidas más eficaces, ya que muchos virus se transmiten al tocar superficies contaminadas y después llevarse las manos a la cara.
  • Ventilar los espacios cerrados: abrir ventanas varios minutos al día, incluso en invierno, ayuda a renovar el aire y reducir la concentración de virus en interiores.
  • Evitar el contacto cercano con personas con síntomas respiratorios intensos, especialmente en el caso de personas mayores o con enfermedades crónicas.
  • Mantener una alimentación equilibrada, que incluya frutas y verduras, contribuye a un buen funcionamiento del sistema inmunitario.
  • No fumar y evitar ambientes con humo, ya que el tabaco irrita las vías respiratorias y facilita las infecciones.
Consultar de forma precoz al especialista si los síntomas empeoran o no mejoran en unos días, permite un diagnóstico adecuado y un tratamiento más eficaz, especialmente en personas con factores de riesgo (edad avanzada, enfermedades respiratorias o cardiacas previas, inmunodepresión, etc.), concluye el Dr. Roig.

 

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