Recorrer el Camino de Santiago junto a pacientes oncológicos ha sido mucho más que una experiencia para la Dra. Ana Pastor. Esta actividad se ha convertido en una forma diferente de acompañar, de entender los tiempos y de comprobar cómo el ejercicio, cuando se estructura y se comparte, puede transformar la recuperación de las pacientes. Detrás de esta iniciativa está el Programa Actívate, un proyecto que nace de la práctica clínica y que refleja la apuesta de HM Hospitales por integrar la actividad física como parte real del abordaje del paciente oncológico.
Pregunta. Doctora, ha vivido una experiencia muy enriquecedora, recorrer el Camino de Santiago junto a pacientes oncológicos, ¿qué le ha enseñado esta convivencia fuera del entorno clínico?, ¿cómo surgió la idea?
Respuesta. Minerva, la entrenadora especializada en ejercicio oncológico, es el motor del programa y la impulsora de esta iniciativa: recorrer el Camino de Santiago. Durante semanas se vivió una mezcla de ilusión y preparación que culminó en un objetivo común muy claro: llegar todas juntas a Santiago de Compostela.
La convivencia ha sido extraordinariamente fácil. Las pacientes ya se conocían entre ellas tras meses de entrenamiento conjunto, lo que generó un ambiente de confianza desde el inicio. Las familiares y amigas que nos acompañaron se adaptaron de forma muy natural a los tiempos y a las necesidades del grupo. El único menor del grupo, mi hijo, ha estado encantado, son un grupo muy divertido.
Este viaje nos ha enseñado la importancia del respeto por los tiempos individuales, la capacidad de esperar, de acompañar y de sostenerse mutuamente. Han sido un ejemplo constante de generosidad, tolerancia y apoyo.
P. ¿En qué momento decidisteis que la actividad física debía formar parte activa del acompañamiento a estos pacientes, más allá de la recomendación médica habitual?
R. Fue una evolución natural a partir de la práctica clínica diaria. En la consulta de monitorización de toxicidad cardiovascular observamos con frecuencia cómo los pacientes oncológicos desarrollan fatiga, pierden capacidad funcional y ven limitada su actividad cotidiana. Sin embargo, este deterioro se ve amortiguado en aquellos que se mantienen activos. En alguna ocasión pudimos incluir a alguno de estos pacientes en el programa de rehabilitación cardiaca que ya teníamos estructurado en el CIEC, con resultados muy positivos. Esto nos llevó a plantearnos cómo podíamos ofrecer ese mismo beneficio a pacientes sin patología cardíaca pero con necesidades similares.
En ese momento coincidimos con Minerva, cuya capacidad de motivación resultó clave. Así nació el Programa Actívate: una iniciativa de ejercicio estructurado, supervisado y adaptado, desarrollada en un entorno accesible y al aire libre, que permite acompañar a los pacientes más allá del ámbito estrictamente médico. Desde el inicio, esta iniciativa contó con el respaldo de nuestros compañeros oncólogos, cuya visión integral del paciente ha sido clave para impulsar el programa.
P. Durante años el ejercicio se veía como algo complementario, ¿estamos ya en un punto en el que podemos hablar de él como parte del tratamiento?
R. Sí, actualmente podemos afirmar que el ejercicio forma parte del tratamiento oncológico. Ha dejado de ser un complemento para convertirse en una intervención terapéutica respaldada por la evidencia científica y por las principales sociedades internacionales. En los últimos años, y especialmente desde 2025, contamos con evidencia de alto nivel que demuestra su impacto no solo en la calidad de vida, sino también en la supervivencia en determinados tumores, como el cáncer de colon. Este avance ha tenido una traducción directa en las guías clínicas, que ya recomiendan de forma explícita la práctica de al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada a vigorosa en pacientes supervivientes.
Además, múltiples estudios y metaanálisis han demostrado beneficios en distintos tipos de cáncer, como mama, próstata o pulmón. Un aspecto especialmente relevante es que incluso pacientes previamente inactivos obtienen beneficios significativos cuando comienzan a hacer ejercicio tras el diagnóstico. Es decir, nunca es tarde para empezar.
P. ¿Qué cambios reales observáis en los pacientes cuando incorporan actividad física de forma estructurada?
R. Desde el punto de vista clínico, observamos una mejora consistente de la capacidad funcional, objetivable en pruebas como la ergometría.
A nivel sintomático, la reducción de la fatiga es probablemente el beneficio más percibido y valorado por los pacientes, ya que impacta directamente en su día a día.
Pero más allá de lo físico, destaca la mejora en la calidad de vida global: los pacientes refieren sentirse mejor no solo en el plano físico, sino también en el emocional y social. Recuperan autonomía, confianza y la sensación de poder volver a participar activamente en su vida cotidiana.
P. ¿Hay diferencias en cómo influye el ejercicio según el tipo de cáncer o la fase de la enfermedad?
R. El ejercicio es beneficioso en prácticamente todos los tipos de cáncer y en todas las fases de la enfermedad, aunque la magnitud del beneficio, los aspectos que más mejoran y las precauciones necesarias pueden variar. Por ejemplo, el cáncer de colon es actualmente el que cuenta con evidencia más sólida en cuanto a impacto en supervivencia; en el cáncer de pulmón destaca especialmente su papel en la rehabilitación; en el cáncer de mama existe un amplio volumen de datos durante el tratamiento activo; y en las neoplasias hematológicas los beneficios, aunque presentes, son más modestos y con mayor incertidumbre.
En fases avanzadas de la enfermedad, el ejercicio sigue siendo seguro cuando está bien adaptado y aporta mejoras claras en la calidad de vida, aunque por el momento no se ha demostrado un impacto directo en la supervivencia. En todos los casos, la clave está en individualizar y ajustar el programa a la situación clínica de cada paciente.
P. Hoy sabemos que el ejercicio no solo mejora la calidad de vida, sino que puede influir incluso en la supervivencia y reducir el riesgo de recaída en algunos tumores, ¿qué hace diferente al ‘Programa Actívate’ frente a otras recomendaciones de actividad física en pacientes oncológicos?
R. El Programa Actívate se diferencia en que transforma la recomendación en acción estructurada y acompañada. No se limita a aconsejar actividad física, sino que ofrece un programa organizado desde el hospital, con supervisión profesional y una valoración inicial del riesgo cardiovascular, así como seguimiento a lo largo de todo el proceso. Además, incorpora un elemento diferencial clave: el grupo. Frente a los enfoques individuales, el entrenamiento compartido genera adherencia, motivación y compromiso. Los pacientes no solo hacen ejercicio, sino que forman parte de una red de apoyo que les impulsa a mantenerse constantes.
El programa se completa con actividades complementarias y sesiones formativas sobre hábitos saludables. La educación, en este contexto, es una herramienta fundamental de autocuidado, algo que ya hemos aprendido en programas como la rehabilitación cardiaca: entender lo que ocurre y cómo actuar empodera al paciente y mejora los resultados.

P. ¿Qué papel juega el equipo médico en este tipo de iniciativas donde se combinan salud, acompañamiento y actividad física?
El equipo médico aporta confianza, criterio clínico y seguridad. Es quien evalúa a los pacientes, establece las bases para una práctica segura y refuerza la importancia del ejercicio como parte del proceso terapéutico.
La figura de la entrenadora es fundamental y constituye el pilar del día a día del programa, pero el respaldo del equipo médico tiene un impacto decisivo. Cuando el paciente recibe este mensaje desde la consulta, lo percibe como una recomendación sólida y prioritaria. En este sentido, la combinación de ambos perfiles (clínico y deportivo) permite ofrecer un abordaje completo, en el que el ejercicio no solo se prescribe, sino que se integra de forma realista, segura y sostenible en la vida del paciente.
R. Más allá de los beneficios físicos, ¿qué impacto tiene este tipo de experiencias en el estado emocional de los pacientes? Os dejo algunos comentarios textuales de las pacientes:
1.“En algunos casos (el mío 😊) este grupo fue una tabla de salvación. Venía de programas de ejercicio físico de asociaciones que tenían un principio y un fin y, en un momento dado me encontré perdida. Quería continuar con el ejercicio y no sabía cómo. Así fue como encontré este equipazo que se convirtió en refugio y punto de encuentro seguro, dinámico y lleno de energía y buen rollo, donde el movimiento va más allá del ejercicio físico y se convierte en una forma de bienestar compartido. Aquí encontramos continuidad aquellas personas que hemos pasado por programas de ejercicio físico previas y que, tras recibir el alta, nos encontramos perdidas.”
2. “Está muy bien, pero destacaría La energía que nos transmite tanto Minerva en cada entrenamiento como la vitalidad de cada integrante de esta red. El positivismo fuerza y ejemplo que aporta cada una de las pacientes que ayudan a las que se suman. Es efectivamente la mejor medicina en un proceso de recuperación de cáncer. El ejercicio, la superación de los retos físicos y la energía y ánimo que encontramos en este grupo increíble. También la humanidad y paz que nos transmiten la cercanía de las doctoras.”
3. “Participar en este grupo de ejercicio terapéutico tras un diagnóstico de cáncer de mama es una decisión que transforma nuestra recuperación. Si bien los beneficios físicos son el motor inicial, el verdadero corazón de estos encuentros reside en la comunidad de apoyo que hemos construido entre todas. Mas allá de las rutinas, en este espacio se han forjado lazos de cariño y ayuda mutua que se han convertido en un capital vital para cada una de nosotras. En esta red de seguridad no solo caminamos las compañeras; la presencia constante y la profesionalidad de las doctoras, sumadas a la guía entusiasta de nuestra entrenadora, Minerva, completan un círculo de confianza único. Minerva no solo entrena nuestros cuerpos para que estén fuertes, sino que, con su sensibilidad, nos motiva a superar límites que creíamos perdidos, mientras que las doctoras aportan esa cercanía humana que va mucho más allá de la consulta médica tradicional.
Este grupo se ha convertido en nuestro santuario de libertad. Es aquí donde nos permitimos poner en común miedos, dudas y preocupaciones que, por amor y por no añadir una carga emocional extra, a veces preferimos no trasladar a nuestras familias. Entre nosotras, y bajo la mirada atenta de Minerva y las doctoras, no hace falta «disimular»: el apoyo moral surge de forma espontánea, ayudándonos a transitar los días difíciles y a celebrar con alegría compartida cada progreso. En definitiva, este grupo no solo fortalece el cuerpo; entrena el ánimo para recordarnos que, en este camino de reconstrucción y esperanza, ninguna de nosotras camina sola.”

P. ¿Qué os dicen ellos después de vivir algo así? ¿Hay algún momento o historia que os haya marcado especialmente? Seguro que en esta aventura han vivido situaciones y anécdotas reseñables, ¿puede contarnos alguna?
R. Desde el punto de vista médico no hemos tenido grandes problemas, alguna videollamada al podólogo y al traumatólogo. Por suerte una familiar del grupo era enfermera y se encargó de curar heridas por la fricción del calzado.
Al llegar, nos llevamos la sorpresa de que Antena 3 nos recibió para grabar nuestra entrada a la Plaza del Obradoiro, además encontramos una tienda de camisetas y, aunque en general el rosa no era muy del agrado del grupo, nos compramos las camisetas, las customizamos y eso hizo que entrásemos aún más unidas a Santiago de Compostela.
Os dejo también sus testimonios:
1.“Si tuviera que resaltar un momento del camino seria antes de entrar en la Plaza del Obradoiro cuando Minerva nos agrupó en círculo y abrazadas terminamos todas llorando de emoción con sus palabras, y teniendo en la cabeza lo vivido en esos días y todo el camino anterior recorrido juntas.”
2. “Vivir el Camino de Santiago, ya es toda una experiencia en sí misma, y era algo que siempre había pensado hacer… pero hacerlo tras pasar por un proceso de cáncer, aunque ya estoy en recuperación, yo que nunca he sido deportista, tenía mis dudas de si físicamente iba a resistirlo. De hecho a mitad de camino, estaba tan cansada, que el tercer día pensé que no iba a ser capaz de llegar por mí misma. Por eso cuando entras en Santiago y llegando a la catedral oyes la música de las gaitas de fondo, te embarga una emoción inmensa de superación y logro de haberlo conseguido. A eso le añades que de repente nos abrazamos todas en círculo, y Minerva (nuestra súper entrenadora) nos suelta un speech tremendo, que soy incapaz de recordar, pero que nos puso los pelos de punta a todas … que hizo que entrásemos a la plaza del Obradoiro llorando de emoción.
Es un subidón increíble, difícil de explicar, que me dio un chute de energía positiva que me duró varios días… Además de los lazos y relaciones que se crean a lo largo de esos días con un grupo de gente que entiende mejor que nadie lo que hemos vivido…”



